Archivos Mensuales: mayo 2007

LOS NIÑOS

Los niños merecen aceptación, respeto y amor.

Aceptación: Debemos aceptarlos sin importar su físico, no hacer
comparaciones y no disciplinarlos o ridiculizarlos frente a sus
amigos u otras personas.

• Aceptarlo y enseñarle a que se acepte y tenga confianza
en sí mismo.
• Exaltar sus cualidades. Elogios sinceros, más no fingir
o adular.
• No compararlo con nadie (hermanos, alumnos, primos,
etc.).

Respeto: Debemos escucharlos, cumplir nuestra palabra y
sinceramente interesarnos por sus inquietudes.

• Saber escucharlo para entender sus deseos y alegrías, 
temores y preocupaciones
• Cumplir lo prometido: Sea premio o castigo, no dejarse
llevar por sus berrinches.
• Dejar que expresen lo que anhelan ser, hacer o tener,
sin recriminaciones y permitir que con el tiempo ellos vayan
definiendo cuales son o van a ser sus verdaderos intereses.

Amor: Es muy importante decirles que los amamos y
demostrárselos.

• Si bien es cierto que todo lo que hacemos es porque
queremos lo mejor para ellos y porque los amamos, ellos no
necesariamente pueden o saben interpretar que lo que hacemos es
por su bien, como cuando los disciplinamos. Por eso es
importante decirles que los amamos, abrazarlos, acariciarlos,
papacharlos, etc.

El niño con una buena Autoestima  llega a ser un adulto:
• Ambicioso sin ser codicioso
• Poderoso sin ser opresor
• Auto – afirmativo  sin ser agresivo
• Inteligente sin ser pedante

En resumen; para lograr una alta autoestima en el niño, debemos:
• Decirles y mostrarles que los amamos, abrazarlos,
acariciarlos, papacharlos.
• Debemos saber poner límites: No ser tan restrictivos y
tampoco dejarlos hacer todo lo que quieran, so pena de que
crezcan inseguros o con  baja tolerancia a la frustración.
• Elogiarlos sinceramente cuando tengan logros reales,
exaltando sus cualidades.
• Escucharlos de verdad, dejar que se expresen para
conocer sus deseos y alegrías, temores y preocupaciones.
• Disciplinarlos y cumplir lo prometido, sea premio o
castigo. Hacerles saber cuales pueden ser las consecuencias de
sus actos.
• Dedicarles el mayor tiempo posible y que éste sea de
calidad, sin menospreciar la cantidad, compartiendo sus
actividades más que las nuestras.
• Ser comprensivos y ponernos a su altura y no esperar
que hagan las cosas con la destreza y facilidad de un adulto.

 

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